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Derecho a la ciencia

Actualizado: 29 de nov de 2019

Juana se levanta temprano sin mucha conciencia de que el pan, los huevos y la leche con los que suele desayunar corren riesgo de abastecimiento. El Gobierno decidió no invertir en el acceso a datos satelitales, lo que atenta contra la capacidad de pronóstico meteorológico y en consecuencia aumenta la vulnerabilidad de la producción agrícola.


Mientras desayuna su cabeza se va a preocupaciones: le llegó la propuesta de sumarse a una nueva aseguradora de salud, conformada por la fusión entre su anterior cobertura médica y una nueva compañía global de Internet. La oferta es muy interesante e incluso le ofrecen una cuota menor a la que pagaba. Sin embargo, para asociarse le exigen que deje una muestra de ADN y allí está la causa de su inquietud: "¿qué irán a hacer con esa información?”, se pregunta.


Su pensamiento se interrumpe cuando ve que los niños no han clasificado la basura la noche anterior; les dijo mil veces que si no lo hacen les van a cobrar una tasa municipal mayor, “¿o debería decirles que es por el medio ambiente?”, vuelve a preguntarse y se ocupa de esto.


Decide ponerse en movimiento y por el celular llama al servicio expreso de gasolina, aunque sea más caro –y contaminante–; los nuevos vehículos eléctricos suelen sufrir problemas de carga en sus baterías –aún no son todo lo eficiente que debieran en su reserva de energía–. Hace tiempo que el servicio de transporte público es sin conductor y provisto por tres compañías diferentes.


El día recién empieza y ya está atrasada. Mientras sale a la puerta, aborda otra inquietud y arrebatadamente vota por Twitter la nueva propuesta de recorte de presupuesto para la ciencia. Vota de acuerdo con la campaña y posición oficial que presenta el asunto a la ciudadanía con el interrogante: “¿Por qué seguir financiando la investigación a las grandes compañías?”


Como se observa en la vida de Juana, casi todas las actuales y futuras actividades cotidianas de nuestras vidas están afectadas, de una manera u otra, por la ciencia y la tecnología. La realidad que nos toca transitar se encuentra cada vez más mediada por el avance del conocimiento científico y es importante que todos podamos acceder a los logros de ese avance. Por eso toda persona tiene derecho a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten, así como que la producción científica proteja sus intereses. Quizás no estamos familiarizado con la frase anterior, que es un extracto de un artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.


La promoción de la ciencia para la paz y la prosperidad de la humanidad constituyen un mandato para la UNESCO, como agencia especializada de las Naciones Unidas dedicada al avance de la ciencia. Tiene una particular responsabilidad por abogar en la defensa y la promoción del Derecho a la Ciencia establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A su vez, busca que el progreso científico respete, garantice y promueva otros derechos, y la generación de conocimiento de base científica, como fundamento de políticas orientadas al desarrollo sostenible en consonancia con los ODS y la Agenda 2030.


En busca de garantizar el acceso a los beneficios de la ciencia, la UNESCO, desde su función normalizadora, actúa en la redacción de diversas recomendaciones, donde se destaca la indicación respecto a la Ciencia y los Investigadores Científicos. En su labor de promoción, desarrolla programas de asesoría, diplomacia, educación y cultura científica, promueve la equidad de género en la ciencia, impulsa la ciencia abierta y el acceso a la información científica.


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